La recolecció n suele exigir la adopció n de posturas forzadas y un ritmo rápido de trabajo. La persona ha de girarse y doblarse, agachá ndose hacia el suelo sin doblar las rodillas y movié ndose rá pidamente entre el arbusto o la vid y el recipiente. Los reci- pientes se colocan algunos veces sobre el suelo y el trabajador los va empujando o arrastrando. Los frutos y las bayas pueden encontrarse entre a ras de suelo y 2 m de altura, dependiendo del tipo de cultivo. Las zarzas se encuentran típicamente a alturas de 1 m o inferiores, obligando al trabajador a doblar casi siempre la espalda durante la recolecció n. Las fresas se encuen- tran a ras del suelo, pero los trabajadores está n de pie y han de inclinarse para recogerlas.
Las uvas suelen tambié n cortarse para extraer el vino durante la recolecció n manual. Este movimiento de corte es muy frecuente (centenares de veces a la hora) y exige un esfuerzo suficiente para entrañ ar riesgo de lesiones traumá ticas acumulativas si la vendimia durara má s de unas cuantas semanas.
El trabajo con espalderas o estructuras de soporte es frecuente en la producción de vides y bayas. Los trabajos de instalació n o reparació n suelen realizarse a alturas por encima de la cabeza
y exigen estirar los mú sculos al mismo tiempo que se ejerce fuerza. Un esfuerzo sostenido de este tipo puede causar lesiones acumulativas. En cada ocasió n existe el riesgo de una lesió n por distensió n o dislocación, especialmente en los hombros y los brazos, como resultado de ejercer una fuerza considerable al mismo tiempo que se trabaja en una postura forzada. La orientación de las plantas en las espalderas exige tambié n ejercer una fuerza considerable que aumenta por el peso de las vides, las hojas y los frutos. Esta fuerza suele ejercerse a travé s de los brazos, los hombros y la espalda, todos los cuales son suscepti- bles a una lesió n aguda o cró nica por sobreesfuerzo.
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martes, 18 de marzo de 2014
lunes, 17 de marzo de 2014
Problemas musculosqueléticos (I)
El principal riesgo asociado a las lesiones musculosquelé ticas en estos cultivos es el ritmo del trabajo. Si el propietario trabaja en los campos, lo suele hacer rá pidamente para terminar una tarea y pasar a la siguiente. Los trabajadores contratados suelen ser retribuidos a destajo, es decir, en funció n del trabajo realizado (por ejemplo, kilogramos de bayas cosechadas o nú mero de vides podadas). Este tipo de retribució n suele imponer un ritmo tan rá pido que el trabajador no dispone de tiempo para asegurarse de que sus dedos está n fuera de las tijeras antes de cortar, o para caminar con cuidado desde o hacia el borde del campo para dejar las cestas llenas y recoger otras vacías durante la vendimia. Un elevado ritmo de trabajo puede favorecer que se adopten posturas forzadas, se corran riesgos innecesarios y no se respeten unas prá cticas y procedimientos seguros.
La poda manual de bayas o vides exige una presió n frecuente de la mano para agarrar las tijeras, o el uso frecuente de un cuchillo. Los riesgos que entrañ an los cuchillos son evidentes, puesto que no existe ninguna superficie só lida en la que apoyar la vid, el retoño o el tallo y se producen cortes frecuentes en dedos, manos, brazos, piernas y pies. La poda con cuchillo só lo debe utilizarse como ú ltimo recurso.
Aunque la mejor herramienta para la poda son las tijeras de podar, ya sea durante la estació n inactiva o cuando las plantas o vides todavía tienen hojas, conlleva tambié n ciertos riesgos. El principal de ellos es el peligro de corte por contacto con la cuchilla abierta cuando se coloca una vid o tallo entre las dos hojas, o por cortes inadvertidos de un dedo tambié n al cortar una vid o tallo. El uso de gruesos guantes de cuero o tejido confiere una buena protecció n contra ambos riesgos y puede tambié n proporcionar protecció n contra dermatitis por contacto, alergias, picaduras de insectos o abejas y cortes produ- cidos con las espalderas.
La frecuencia y el grado del esfuerzo que tiene que realizarse para cortar determinan la probabilidad de que aparezcan lesiones traumá ticas acumulativas. Aunque los casos notificados de lesiones no indican en la actualidad que estas lesiones se produzcan con frecuencia, segú n parece eso se debe a la frecuente rotació n en el trabajo que se produce en la producció n de estos cultivos. La fuerza necesaria para utilizar unas tijeras de podar normales supera los valores recomendados y la frecuencia del esfuerzo hace probable que se produzcan trastornos traumá - ticos acumulativos, segú n las directrices aceptadas (Miles 1996). Para reducir la probabilidad de lesiones, las tijeras de podar deben mantenerse bien lubricadas y afiladas con frecuencia. Cuando se trata de vides de gran tamañ o, como es el caso de las parras, el tamañ o de las tijeras debe aumentar en consecuencia para no sobrecargar la muñ eca ni dañ ar las propias tijeras. Con frecuencia tiene que recurrirse a cizallas o sierras de podar para cortar con seguridad grandes vides o plantas.
El levantamiento y transporte de cargas está típicamente asociado a la recolecció n de estos cultivos. Las bayas o frutos suelen recolectarse manualmente y se transportan en algú n tipo de cesta o recipiente hasta el borde del campo, donde se depo- sitan. Las cargas no suelen ser muy pesadas (10 kg o menos), pero en muchos casos tienen que transportarse a una distancia resbaladizo. Los trabajadores no deben correr por terreno desigual y han de pisar siempre en suelo firme.
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AGRICULTURA
domingo, 16 de marzo de 2014
BAYAS Y UVAS
En este artículo se describen los mé todos de prevenció n de acci- dentes y enfermedades contra los riesgos frecuentes en la produc- ció n de uvas (para consumo del producto fresco, vino, zumo o pasas) y bayas, entre ellas zarzas (por ejemplo, frambuesas), fresas y bayas de arbusto (por ejemplo, mirtillo y ará ndano americano). Las vides son tallos que trepan sobre estructuras de apoyo. En los viñ edos comerciales, suelen plantarse en primavera a partir de esquejes injertados o enraizados de un añ o de edad. En general se plantan dejando una distancia entre 2 y 3,5 m. Todos los añ os los viñ edos tienen que ser escardados y fertilizados, subdividiendo y podando las vides. El estilo de poda varía según las diferentes partes del mundo. En el sistema que predomina en Estados Unidos, se podan todos los vá stagos menos los má s fuertes; los restantes se cortan en 2 ó 3 yemas. La planta resul- tante desarrolla un tronco principal grueso que puede sostenerse só lo, antes de que se le permita dar fruto. Durante el crecimiento del tronco principal, la vid se ata firmemente a un soporte recto de 1,8 m o má s de altura. Una vez alcanzada la etapa de producció n de fruto, las vides se podan cuidadosa- mente para controlar el nú mero de yemas.
Las fresas se plantan a principios de la primavera, a mediados de verano o má s tarde, dependiendo de la latitud. Dan fruto en la primavera del añ o siguiente. Una variedad llamada fresa con fruto permanente produce una segunda cosecha má s pequeñ a en el otoñ o. La mayoría de las fresas se propagan
espontá neamente por medio de retoñ os que se forman aproximadamente unos dos meses despué s de la estació n de la plantació n. La fruta se encuentra a ras del suelo. Las zarzas, como las frambuesas, suelen ser arbustos de tallos espinosos (cañ as) con frutos comestibles. Las partes subterrá neas son perennes y las cañ as, bienales; só lo las cañ as del segundo añ o producen flores y frutos. Las zarzas producen frutos a alturas de 2 m o menos. Al igual que la vid, las bayas requieren una poda frecuente.
Los mé todos de cultivo difieren segú n la especie, el tipo de suelo, el clima y los fertilizantes necesarias. El riguroso control de los insectos y las enfermedades es esencial, exigiendo a menudo la aplicació n frecuente de plaguicidas. Algunos cultivadores modernos han optado por los controles biológicos y la estrecha vigilancia de las poblaciones de plagas, fumigando con sustancias químicas sólo en los momentos en que son má s eficaces. La mayoría de las uvas y bayas se recolectan manualmente.
En un estudio de los accidentes no mortales ocurridos durante un período de 10 añ os, desde 1981 hasta 1990, en California, las lesiones má s comunes dentro de esta categoría de cultivos fueron las dislocaciones y las distensiones, representando el 42 % de todas las lesiones declaradas. Las laceraciones, las fracturas y las contusiones representaron otro 37 % de las lesiones. La causa má s frecuente de lesiones fueron: golpes recibidos por objetos (27 %), esfuerzos excesivos (23 %) y caídas (19 %) (AgSafe 1992). En un estudio realizado en 1991, Steinke (1991) observó que el con má s frecuencia fueron los dedos (17 %), la espalda (15 %), los ojos (14 %) y las manos o muñ ecas (11 %). Segú n Villarejo (1995), en 1989 se concedieron 6.000 indemnizaciones por accidente por 100.000 equivalentes a trabajadores a tiempo completo en la producció n de fresas en California. Puesto que la mayoría de estos trabajadores no encuentran empleo durante todo el añ o, el porcentaje de trabajadores con lesiones podría ser mucho mayor que la cifra del 6 % declarada.
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AGRICULTURA
sábado, 15 de marzo de 2014
HORTALIZAS Y MELONES (V)
Los hongos presentes en el ambiente de trabajo producen numerosas esporas, algunas de las cuales causan asma alé rgica y/o alveolitis alé rgica extrínseca. No obstante, es raro que el asma alé rgica y la alveolitis alé rgica intrínseca causadas por esos alergenos se den en una misma persona. En cuanto a los microrganismos causantes de alergias, se han identificado a Alternaria, Aspergillus niger, Cladosporium, el fango de los humidificadores, Merulius lacrymans, Micropolyspora faei, Paecilomyces y Verticillium. En la mayoría de los casos, los antígenos de origen fú ngico está n presentes en las esporas y los productos de degradación
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AGRICULTURA
viernes, 14 de marzo de 2014
Lámparas halógenas de tungsteno.
Un problema del diseñ o de la lá mpara de filamento de tungsteno normal es que el tungsteno se evapora en servicio y se condensa en la pared de vidrio, má s fría, oscurecié ndola y reduciendo la transmisió n de luz. Este problema se elimina añ adiendo al gas interior un haló geno, como el bromuro de hidró geno o el bromuro metílico. El halógeno reacciona con el tungsteno, impidiendo que se condense en la pared de vidrio. Cuando la lá mpara se enfría, el tungsteno vuelve a depositarse sobre el filamento. Como esta reacción funciona mejor a mayor presión, las lámparas haló genas de tungsteno suelen contener gas a varias atmó sferas de presió n. Normalmente, el haló geno se añ ade integrado en el gas interior de la lá mpara, habitualmente a concentraciones del 2 % o menos.
En las lá mparas haló genas de tungsteno tambié n se utilizan globos de cuarzo en lugar de vidrio. Los primeros soportan mayores presiones; ahora bien, el cuarzo entrañ a un posible riesgo, ya que es transparente a la luz ultravioleta. Aunque el filamento de tungsteno produce relativamente poca radiació n ultravioleta, la exposició n prolongada a corta distancia puede causar enrojecimiento de la piel e irritació n ocular. Filtrando la luz por una cubierta de vidrio se reduce en gran medida la cantidad de radiació n ultravioleta, al tiempo que se ofrece protecció n contra el cuarzo caliente en el caso de que la lá mpara se rompa mientras está en funcionamiento.
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jueves, 13 de marzo de 2014
Lámparas de tungsteno
La versión más común de estas lámparas para uso doméstico consiste en un globo de vidrio que encierra un filamento de tungsteno. La electricidad llega al filamento conducida por hilos metá licos que lo sustentan y que atraviesan la montura de vidrio que va sellada al globo. Los hilos se conectan despué s a la base metá lica, uno soldado al ojal central de la base y el otro conectado al cuerpo roscado. Los hilos de soporte tienen una composició n especial, de modo que tengan las mismas características de dilatació n que el vidrio, lo que evita que se produzcan fugas cuando se calientan las lá mparas. El globo suele ser de vidrio de cal, mientras que la montura es de vidrio plumboso. Para preparar la montura suele emplearse dió xido de azufre, que actú a como lubricante durante el montaje de las lá mparas a alta velocidad. En funció n del diseñ o de la lá mpara, el globo se cierra al vacío o se llena de argó n o de otro gas no reactivo.
Las lá mparas de este tipo se venden con globos transparentes, globos translúcidos y globos revestidos con diversos materiales. Los globos translú cidos y los revestidos con un material blanco
(por regla general, arcilla o sílice amorfa) se utilizan para reducir el brillo que produce el filamento con los globos transparentes. Tambié n se aplican a los globos, por la parte externa, diversos revestimientos decorativos, como cerá micas y lacas de colores, mientras que la parte interna puede decorarse con otros colores, Aunque la forma domé stica típica es la má s corriente, las lá mparas incandescentes pueden fabricarse con globos de muchas formas (tubulares, redondos y reflectores), así como en muchos tamaños y vatajes, desde las lá mparas en miniatura hasta los grandes focos de estudio o escenario.
Las lá mparas de este tipo se venden con globos transparentes, globos translúcidos y globos revestidos con diversos materiales. Los globos translú cidos y los revestidos con un material blanco
(por regla general, arcilla o sílice amorfa) se utilizan para reducir el brillo que produce el filamento con los globos transparentes. Tambié n se aplican a los globos, por la parte externa, diversos revestimientos decorativos, como cerá micas y lacas de colores, mientras que la parte interna puede decorarse con otros colores, Aunque la forma domé stica típica es la má s corriente, las lá mparas incandescentes pueden fabricarse con globos de muchas formas (tubulares, redondos y reflectores), así como en muchos tamaños y vatajes, desde las lá mparas en miniatura hasta los grandes focos de estudio o escenario.
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APARATOS Y EQUIPOS ELECTRICOS
miércoles, 12 de marzo de 2014
Lámparas de filamento o incandescentes
Son las lá mparas más antiguas y todavía hoy siguen fabricá ndose. Toman su nombre del modo en que producen la luz: por calentamiento de un filamento metá lico a temperatura suficiente para que se ponga al rojo. Aunque es posible fabricar una lámpara incandescente casi con cualquier tipo de filamento (en las primeras lá mparas se utilizaba carbono), hoy en día la mayoría de ellas utilizan un filamento de tungsteno.
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