jueves, 26 de marzo de 2009

Siembra y crecimiento

En la siembra y cuidado de los cultivos es esencial asegurar que los aperos de siembra o de arado se mueven en línea recta y que los tractores siguen las rodadas o el centro de la hilera.
En general, estas actividades obligan al conductor a trabajar en posiciones poco confortables e implican una considerable tensió n nerviosa y emocional debido a la visibilidad restringida en el á rea de trabajo, lo que da lugar a una rá pida fatiga.
La disposició n de las má quinas sembradoras y su preparació n para el uso, así como la necesidad de trabajo manual auxiliar, especialmente la manipulación de los materiales, pueden implicar cargas físicas considerables.
La amplia distribución geográ fica de las variedades de cereales implica una gran diversidad de condiciones meteorológicas durante la siembra. La siembra de cereales de invierno puede hacerse, por ejemplo, cuando la temperatura exterior varía de 3-10 C a 30–35 C. Los cereales de primavera se siem- bran cuando la temperatura exterior varía de 0 C a 15–20 C.
Las temperaturas en las cabinas del tractor sin aire acondicionado pueden ser muy altas en las regiones en las que el clima es suave y cá lido.
En las zonas templadas, las condiciones microclimá ticas de las cabinas son en general favorables durante la siembra de cultivos como la remolacha, el maíz o el girasol. El cultivo se realiza cuando la temperatura exterior es alta y la radiación solar intensa. La temperatura en las cabinas sin aire acondicionado puede llegar a 40 C e incluso má s. Los conductores pueden trabajar en condiciones poco confortables durante un 40 al 70 % del tiempo de funcionamiento.
En las operaciones de preparació n del suelo se remueve é ste considerablemente, lo que provoca la formación de polvo. Las concentraciones má ximas de polvo en el aire de la zona de respiración no deben exceder de 10 a 20 mg/m3. El polvo es inorgá nico en un 90 %, y contiene una gran cantidad de sílice libre. Los niveles de ruido y vibración en la cabina del conductor son algo menores que los existentes durante el cultivo.
Durante la siembra y el cultivo, los trabajadores pueden estar expuestos a abonos, fertilizantes químicos y plaguicidas. Cuando no se siguen las normas de seguridad para manipular estos materiales, o si las má quinas no funcionan adecuadamente, la concentración de los materiales peligrosos en la zona de respiració n puede sobrepasar los valores permisibles.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Cultivo de la tierra

El cultivo de la tierra (arado, grada, binado, grada de disco, etc. es importante y constituye la etapa preliminar de la producció n de la cosecha que requiere un trabajo má s intenso. Estas operaciones suponen el 30 % de los trabajos de plantación y cultivo.
Por lo general, el arado del suelo genera polvo. La naturaleza de éste es variable, y depende de las condiciones meteoroló gicas, la estación, el tipo de trabajo, el tipo de suelo, etc. La concentración de polvo en la cabina del tractor puede variar de algunos mg/m3 a centenares de mg/m3, en función sobre todo del cierre de la cabina. En un 60 a un 65 % de los casos se supera el nivel de polvo total permisible; los niveles permisibles de polvo respirable (menor o igual a 5 micras) se sobrepasan durante el 60 al 80 % del tiempo (vé ase la Figura 64.11). El contenido de sílice del polvo varía del 0,5 al 20 % (Kundiev 1983).
El cultivo implica la realización de operaciones que consumen energía, especialmente durante el arado, y requiere una movilización considerable de los recursos de energía de las má quinas, generá ndose niveles considerables de ruido en el lugar donde se sienta el conductor. Estos niveles de ruido llegan a 86 a 90 dBA e incluso má s, creando un riesgo considerable de trastornos auditivos.
Por lo general, los niveles de vibració n del cuerpo entero en el asiento del conductor pueden ser muy altos, sobrepasando los niveles establecidos por la Organización Internacional de Normalizació n (ISO 1985) para los límites de rendimiento disminuido por la fatiga y frecuentemente para el límite de exposición.
El suelo se prepara sobre todo a principios de la primavera y en otoñ o, de forma que el microclima de las cabinas en zonas templadas en las máquinas sin aire acondicionado no supone un problema para la salud, a excepción de los días calurosos.

martes, 24 de marzo de 2009

OPERACIONES DE PLANTACION Y CULTIVO

La agricultura moderna se basa en equipos muy eficientes, especialmente tractores y má quinas potentes y de gran velocidad. Los tractores con accesorios montados y arrastrados permiten la mecanizació n de muchas operaciones agrícolas.
El uso de los tractores permite a los agricultores llevar a cabo las principales operaciones de labranza y de cuidado de las plantas en un tiempo ó ptimo sin un trabajo manual importante. El aumento continuo del tamañ o de las explotaciones, la extensión de las fincas y la intensificación de la rotación de los cultivos favorecen asimismo una agricultura má s eficiente. Son dos los factores que obstaculizan la generalización del uso de má quinas de alta velocidad: los mé todos agrícolas existentes, basados sobre todo en aperos y herramientas pasivas, y las dificultades para asegurar una condiciones seguras de trabajo para el operador de los tractores de alta velocidad.
Mediante métodos mecanizados se pueden realizar aproximadamente el 70 % de las operaciones de plantación y desarrollo. También se emplean en todas las etapas de cultivo y recolecció n. No obstante, cada etapa requiere su propia maquinaria, herramientas y condiciones medioambientales, y esta variabilidad de la producción y factores medioambientales influye en el conductor del tractor.

viernes, 13 de marzo de 2009

MANIPULACION DE LA MADERA

La madera llega a la fá brica de pasta en forma de troncos en bruto o como astillas de una planta de cortado de tablones. En ocasiones, la propia fá brica dispone de serrerías que producen tanto tablones comercializables como materia para la fá brica de pulpa. No obstante, la actividad de la serrería se estudia con detalle en el capítulo Industria de la madera. Aquí se examinan aquellos elementos de la preparació n de la madera que son específicos de una fá brica de pasta de papel.
En la zona de preparación de la madera se llevan a cabo varias tareas bá sicas: recepció n y cubicaje de la madera al ritmo requerido por la factoría; preparació n de la madera para que responda a las especificaciones de aprovisionamiento por especies, limpieza y dimensiones de la fá brica; y recogida de todos los materiales desechados en las operaciones anteriores y envío para su eliminació n final. La madera se transforma en astillas o troncos adecuados para la transformació n en pasta medianteb una serie de pasos, entre los que figuran el descortezado, el aserrado, el astillado y el tamizado.
Los troncos se descortezan porque la corteza contiene poca fibra, presenta un alto contenido de sustancias extractivas, es oscura y con frecuencia acarrea grandes cantidades de tierra. El descortezado se puede realizar hidrá ulicamente, mediante chorros de agua a alta presió n, o mecá nicamente, rozando los troncos unos con otros o con herramientas metá licas de corte. Las descortezadoras hidráulicas se pueden utilizar en zonas costeras; sin embargo, las aguas residuales producidas no son fá ciles de tratar y contribuyen a la contaminación del agua.
Los troncos descortezados pueden serrarse en segmentos pequeñ os (1 a 6 metros) para la obtenció n de pasta mecá nica a la piedra, o astillarse para los mé todos de refinado mecá nico químico de obtenció n de pasta. Las astilladoras producen astillas de una amplia gama de tamañ os, pero la preparación de la pasta requiere que é stas sean de dimensiones muy específicas para asegurar un flujo constante a travé s de los refinadores y un nivel de reacción uniforme en los digestores. En consecuencia, las astillas se hacen pasar por una serie de cribas cuya misió n consiste en clasificarlas por longitud y grosor. Las astillas demasiado grandes se vuelven a pasar por la astilladora, y las menores se utilizan como residuos combustibles o se vuelven a introducir en el flujo de astillas.
Los requisitos de un proceso concreto de obtenció n de pasta y las condiciones de las astillas determinará n la duració n de las astillas almacenadas (Figura 72.6; nó tense los diferentes tipos de astillas disponibles para la preparació n de pasta). Dependiendo del suministro de fibra y de la demanda de la fá brica, é sta puede mantener una reserva de astillas sin tamizar para un período de 2 a 6 semanas, normalmente apiladas al aire libre. Las astillas se pueden degradar como consecuencia de reacciones de autooxidació n y de hidró lisis, o de la acció n de los hongos sobre los componentes de la madera. Para evitar la contaminació n, los almacenamientos a corto plazo (de horas a días) se realizan en silos o arcones. Las astillas destinadas a pasta al sulfito se almacenan al aire libre durante varios meses para permitir la evaporación de los productos extractivos que pueden crear problemas en las operaciones subsiguientes. Las astillas utilizadas en fá bricas de celulosa al sulfato (papel kraft), donde la trementina y el aceite resinoso se recuperan como productos comerciales, se envían directamente a la producción de pasta.


miércoles, 11 de marzo de 2009

FUENTES DE FIBRA PARA LA FABRICACION DE PASTA Y DE PAPEL

La estructura bá sica de la pasta y el papel es un entramado de fibras de celulosa (un polisacárido con 600 a 1.000 unidades de sacarosa) unidas mediante enlaces de hidró geno. Una vez sepa radas del resto de componentes no celuló sicos, mediante el proceso de elaboració n de la pasta de papel, estas fibras tienen alta resistencia a la tracción, absorben los aditivos empleados para transformar la pasta en papel y cartón, y son flexibles, químicamente estables y blancas. Esos componentes no celulósicos son, en el caso de la madera, principalmente hemicelulosas (con 15 a 90 unidades iguales de sacarosa), ligninas (altamente polimerizadas y complejas, fundamentalmente monó meros de fenil-propano; actú an como aglutinante de las fibras), extractos (grasas, ceras, alcoholes, fenoles, á cidos aromá ticos, aceites esenciales, oleorresinas, esteroles, alcaloides y pigmentos colorantes), y minerales y otros compuestos inorgá nicos. En la Tabla 72.2 se muestra có mo varía la proporció n relativa de estos componentes segú n la fuente de la fibra. La principal fuente de fibra para la fabricación de pasta y de papel es la madera de coníferas y de especies arbó reas de hoja caduca. Fuentes secundarias son la paja de trigo, el centeno y el arroz; cañ as, como el bagazo; los tallos leñ osos del bambú , lino y cá ñ amo, y fibras de semillas, hojas y cortezas, como las del algodó n, el abacá y el henequé n o sisal. La mayor parte de la pasta se hace de fibra virgen, aunque la producció n de papel reciclado es cada vez mayor, habiendo pasado del 20 % en 1970 al 33 % en 1991. La producció n a partir de la madera supuso un 88 % de la producció n mundial de pasta en 1994 (176 millones de toneladas, Figura 72.5); en consecuencia, la descripción de los procesos de elaboració n de la pasta y del papel del siguiente artículo se centra en la producción basada en la madera. Los principios bá sicos se aplican tambié n a otras fibras.


martes, 10 de marzo de 2009

CUESTIONES AMBIENTALES • Y DE SALUD PUBLICA: Aprovechamiento y eliminación de residuos de la madera

Entre los subproductos de la industria maderera que pueden provocar problemas ambientales cabe citar las emisiones aéreas, los efluentes líquidos y los residuos sólidos. La mayoría de estos problemas se derivan de los residuos resultantes: astillas o serrín de las operaciones de transformación, corteza de las operaciones de descortezado y residuos de troncos en las vías fluviales de almacenamiento de troncos.
El serrín y otros productos pulverulentos del proceso plantean un peligro de incendio y explosión en los talleres. Para mini- mizar este peligro, el polvo puede eliminarse por medios manuales o, preferiblemente, recolectarse por medio de sistemas de ventilación por aspiración localizada y recogerse en filtros de mangas o ciclones. Los residuos de la madera de mayor tamaño revisten la forma de astillas. La mayor parte del serrín y de las astillas se utilizan precisamente en otros productos de madera (p. ej. tableros de partículas, pasta de madera y papel): cada vez es más normal este tipo de aprovechamiento a medida que aumentan los costes de eliminación de los residuos y aumenta la integración vertical de las compañías forestales. Sin embargo, el polvo fino y la corteza, por ejemplo, no son tan fácilmente apro- vechables, por lo que es preciso buscar otros medios de eliminación.
La corteza representa a veces una buena parte del volumen del árbol, especialmente en regiones donde los troncos cortados son de pequeño diámetro. La corteza y el serrín fino y, en algunas operaciones, todos los residuos de la madera, incluidas las astillas, pueden quemarse (véase la Figura 71.6). Las opera- ciones tradicionales con técnicas ineficaces (p. ej. hornos con forma de colmena) producen diversos productos orgánicos derivados de una combustión incompleta. La contaminación del aire por partículas, que pueden producir “niebla”, es una queja común en las proximidades de estos quemadores. En las serre- rías donde se utilizan clorofenoles, también existe preocupación por la producción de dioxina y furano. Algunas serrerías modernas utilizan calderas cerradas de temperatura controlada para producir vapor para secaderos o electricidad para la fábrica
o para otros usuarios. Otras venden sus residuos a fábricas de pasta de papel y papel, donde se quema para satisfacer sus grandes necesidades de energía (véase el capítulo Industria del papel y pasta de papel). Las calderas y otros quemadores suelen cumplir las normas de control de emisiones de partículas utili- zando sistemas tales como precipitadores electrostáticos o depu- radores húmedos. Para minimizar la quema de residuos de la madera, pueden encontrarse otros usos para la corteza y el serrín fino, como el compost o el pajuzo en paisajismo, agricul- tura, reforestación y repoblación de vegetación en minas a cielo abierto, o el empleo como modificante de productos comer- ciales. Además, el uso de sierras de corte fino en el taller puede suponer una reducción drástica de la producción de serrín.
En ocasiones, la corteza, los troncos y otros residuos de madera se hunden en las áreas acuáticas de almacenamiento de troncos, recubriendo el fondo y matando a los microorga- nismos bentónicos. Para minimizar este problema, los troncos en remojo se atan juntos y se deshacen los atados en tierra, donde los residuos pueden recogerse fácilmente. Incluso con esta modificación, es preciso dragar los residuos hundidos periódicamente. Los troncos recuperados pueden utilizarse para madera, pero los demás desechos han de eliminarse. En la industria se ha utilizado tanto el vertido en tierra como en aguas profundas. Los efluentes del descortezado hidráulico pueden dar lugar a problemas similares; de ahí la tendencia al empleo de sistemas mecánicos.
Las pilas de astillas pueden crear problemas de escorrentías debidas a la lluvia, ya que la lixiviación de la madera incluye ácidos de las resinas, ácidos grasos y productos fenólicos que son muy tóxicos para los peces. El enterramiento de los desechos de la madera también produce lixiviación, que requiere medidas de mitigación para proteger las aguas subterráneas y superficiales.

domingo, 8 de marzo de 2009

Cáncer

El trabajo en las industrias madereras puede comportar la exposición a cancerígenos conocidos y sospechosos. El polvo de madera, el elemento más presente en las industrias madereras, se ha clasificado como cancerígeno para los humanos (Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC): Grupo 1). Se han observado riesgos relativos muy altos de cáncer sinonasal, especialmente de adenocarcinoma sinonasal, entre los trabajadores expuestos a altos niveles de polvo de maderas duras, como el haya, el roble y la caoba, en la industria del mueble. Las pruebas relativas al polvo de maderas blandas son menos conclu- yentes y se han observado riesgos relativos menores. Existen pruebas de un riesgo excesivo entre los trabajadores de las serre- rías e industrias relacionadas, sobre la base de un reanálisis conjunto de los datos originales de 12 estudios de casos-control de cáncer sinonasal (IARC, 1995). El cáncer sinonasal es relativa- mente raro en casi todas las regiones del mundo, con una tasa bruta de incidencia anual de aproximadamente 1 caso por cada 100.000 personas. Se considera que el 10 % de todos los cánceres sinonasales son adenocarcinomas. Aunque se han observado asociaciones entre el polvo de madera y otros cánceres más comunes en algunos estudios, los resultados han sido mucho menos sólidos que en lo que se refiere al cáncer sinonasal.

El formaldehído, un elemento al que se ven muy expuestos los trabajadores de las fábricas de contrachapado, tableros de partículas y demás, se ha clasificado como probable cancerígeno para el ser humano (IARC: Grupo 2A). Se ha demostrado que produce cáncer en animales y se han observado cifras de cáncer nasofaríngeo y sinonasal superiores a lo normal en algunos estudios en seres humanos, aunque sin resultados concluyentes. Se sabe que los plaguicidas a base de pentacloro- fenol y tetraclorofenol, hasta hace poco muy utilizados en las industrias madereras, están contaminados por furanos y dioxinas. El pentaclorofenol y la 2,3,7,8-tetraclorodibenzo-pa- ra-dioxina han sido clasificados como posibles cancerígenos para el ser humano (IARC: Grupo 2B). Algunos estudios han hallado una relación entre los clorofenoles y el riesgo de linfoma, no Hodgkin, y de sarcoma de los tejidos blandos. Los resultados relativos al linfoma no Hodgkin han sido más consistentes, sólidos que los relativos al sarcoma de los tejidos blandos. Entre otras posibles exposiciones a elementos cancerígenos para algunos trabajadores de las industrias madereras cabe citar el amianto (IARC: Grupo 1), que se utiliza como aislante en hornos y tuberías de vapor, los humos de escape de los motores diesel (IARC: Grupo 2A) utilizados en equipos móviles, y la creosota (IARC: Grupo 2A), que se utiliza como conservante de la madera en traviesas de vías férreas y postes telefónicos.
Se han realizado relativamente pocos estudios de cáncer entre trabajadores específicamente empleados en serrerías, fábricas de contrachapado o fábricas de tableros. El mayor de ellos fue un estudio sobre un grupo humano de más de 26.000 trabajadores de serrerías canadienses realizado por Hertzman y colegas
(1997) para examinar el riesgo de cáncer asociado con la exposi- ción a plaguicidas a base de clorofenol. Se observó un aumento del doble de cáncer sinonasal y un aumento menor de linfoma no Hodgkin. El aumento de linfoma no Hodgkin pareció estar asociado con la exposición a los clorofenatos. Los demás estudios realizados han sido de mucha menor envergadura. Jäppinen, Pukkala y Tola (1989) estudiaron a 1.223 trabajadores de serre- rías finlandesas y observaron aumento de cánceres cutáneos, bucales y faríngeos, y de linfomas y leucemias.
Blair, Stewart y Hoover (1990) y Robinson y colegas (1986) estudiaron respectivamente a 2.309 y 2.283 trabajadores de fábricas de contrachapado estadounidenses. En un análisis conjunto de los datos de los dos grupos humanos, se observaron aumentos de cáncer nasofaríngeo, mieloma múltiple, enfer- medad de Hodgkin y linfoma no Hodgkin. Los resultados no aclaran si tales aumentos pueden deberse a la exposición a riesgos profesionales ni, de ser así, a cuáles. Los estudios de menor envergadura han carecido de capacidad para examinar el riesgo de cánceres raros y muchos de los excesos observados se basaron en cifras muy pequeñas. Por ejemplo, no se observaron cánceres sinonasales, pero sólo se esperaba un 0,3 en el estudio de serrerías más pequeño, y 0,3 y 0,1 en los estudios de las fábricas de contrachapado.